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La Piedra de mala suerte

¡Es mejor no tocar esta piedra!

A lo largo de los años, en Lublin ha habido muchos incendios, plagas y un gran número de otros infortunios. Y todo eso, o al menos alguna parte de ellos, fue la culpa de cierta piedra. Curiosamente, ¡todavía se puede encontrar en la ciudad!

Una de las peculiaridades de Lublin es la Piedra de mala suerte sobre la que circula una leyenda macabra. Hoy en día esta piedra- un auténtico perseguidor de la humanidad, todavía está en la esquina de la calle Jezuicka y se ríe y muestra la muesca que le ha dejado un hacha de un verdugo.

Presuntamente, es de Slawinek que está cerca de Lublin. Al principio del siglo XV estaba en la Plaza de los Bernardinos, la anterior Plaza de ejecuciones, y funcionaba como base de un tronco de roble por él que corría la sangre de los condenados. Sucedió una vez, que el verdugo cortó la cabeza de un hombre inocente con tal ímpetu que el tronco se partió por la mitad y el hacha hizo un profundo agujero en la piedra. Después, alguien la llevó a la Plaza del Pescado. Un día, una mujer caminaba por aquí, llevando en una olla con dos contenedores, un buen almuerzo para su esposo quien trabajaba en la construcción. Cerca de la piedra se tropezó y cayó destruyendo la olla en su superficie. Olor de la sopa grasosa atrajo a varios perros errantes que se apresuraron a alimentarse, lamieron la piedra meticulosamente y todos murieron. La vista de los animales muertos causó una sensación y la plaza recibió el nombre de la Colina de Perros.

Con el paso del tiempo, la gente se dio cuenta de que el toque de la piedra con el mano o el pie desnudo produce contacto entre la y el humano que trae mala suerte. La piedra estaba tentando a un panadero que la utilizó en el horno de su panadería que estaba construida. Pronto, el temerario se quemó en el mismo horno, encerrado por su propia esposa y un aprendiz que la adoraba.

La piedra mala volvió a la Colina de Perros y cegó al albañil quien con dureza la golpeó con un martillo. Pronto, en la misma plaza, gracias al dinero de Mikolaj Los de Grodkow, empezó la construcción de la Iglesia de los trinitarios. Una vez construidos los muros, a la gente se le ocurrió la idea de rodar la piedra hasta la Iglesia y usarla para crear el altar. Sin embargo, pronto se hizo evidente que, a pesar de que se levantaron el edificio y el campanario , la iglesia nunca se construirá, dado que faltaba fondos suficientes para completar el interior. Unas décadas más tarde, Paweczkowski compró los muros de la iglesia y, tras tirar la piedra, convirtió el edificio a un palacio para sí mismo que hasta hoy está en la Colina de Perros.

Después de construir la Iglesia Ortodoxa en la Plaza de Lituania, la Piedra de mala suerte se encontró al lado de ella y causó la muerte de un soldado que cayó del campanario aplastando su cabeza en el superficie de esta maldita piedra. Las autoridades rusas, temiendo por la integridad de la Iglesia Ortodoxa en tal vecindad, desalojaron la piedra fuera de la ciudad. Durante la construcción de polvorín, la piedra se quedó puesta de alguna manera en los cimientos. Se sabe que, en el año 1919, el polvorín explotó.

La piedra estuvo 20 años sin ningún efecto. Al fin, se encontró en el rincón de la calle Jezuicka, en frente de la Puerta Trinitaria. Cuando llegó la guerra, los pilotos alemanes sobrevolaron Lublin lanzando bombas. Y así, la piedra mostró su fatalidad otra vez porque en la calle Jezuicka en la que ella estaba y la catedral a la que miraba a través de la salida de la Puerta Trinitaria hubo el mayor número de víctimas. Aunque el escuadrón hizo grandes círculos, las bombas cayeron principalmente en el radio de la actividad de la Piedra de mala suerte.

Hoy en día, esta piedra- un auténtico perseguidor de la humanidad- todavía está situado en la esquina de la tranquila calle Jezuicka i se ríe y muestra la muesca que le ha dejado un hacha de un verdugo.

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